Academia de Pesca

Después de varios kilómetros de codazos con Nicollo, Marcelo (ambos colegas míos) divisó un puente que cruzaba el río. Ansiosos, cada uno buscaba con la mirada el lugar perfecto. Al estacionar el auto, el relajo cínico de cada integrante del grupo se notaba cada vez más. Solo bastó que sacara la caña y pasara la línea a través de los pasadores para que se desatara una verdadera maratón y eso que ni me había puesto los wader abotas largas). Por lo que así comenzó nuestra anhelada tarde de pesca, semidesnudos a orilla del río Simpson.

Una Presentación Pobre

Cuando llegué al río, me dirigí a un tronco que caía a orilla al río, lo que producía un buen remolino. Era un lugar bastante hondo; eso me llevó a reflexionar, si yo fuera trucha, ahí sería donde viviría. Mis amigos no estaban lejos, por lo que me propuse de demostrar cómo sacar una linda trucha con estilo y gracia. Decidí poner una línea sinking con una mosca bien pesada y negra, más conocida como Girdle Bug ( con esta mosca, mi padre cuestionaría mi concepto sobre “estilo y gracia”).

Tomé mi tiempo. Me posicioné y estudié el trayecto de la mosca. Comencé a lanzar los primeros metros, sentía la caña cargando muy bien la línea, lanzando cada vez más. Después de un rato ya me había olvidado de donde tenía que poner la mosca ! … pero lo importante en ese momento, era que estaba lanzando prácticamente toda la línea ¿...?, realmente estaba asombrando del control que tenía sobre ella. La caña era una delicia, de acción rápida y muy poderosa. Volviendo a la pesca, la mosca se enganchó con la única rama que había. Y para terminar bien el trabajo y espantar adecuadamente a la trucha del pozón, me acerqué para cortar el leader y dejar mi “amada mosca” bajo agua, perdiendo toda oportunidad de atrapar una trucha en ese lugar. 

Me distancié de mis compañeros, y remonté el siguiente lugar que era una correntada lenta (riffles) bastante larga. Se veía algo de acción en la superficie (truchas alimentándose), lo cual me animó mucho. La distancia que había entre las truchas y yo era considerable, pero mi caña y yo estábamos preparados para esto. Decidí cambiar mi línea por una flotante; puse un leader 4x de doce pies (3 a 4 metros). En cuanto a la elección de mosca, opté por una Adams del 14 (unas de las tantas mentiras que se dijo en el auto).

Cuando comencé a lanzar, me esforcé demasiado tratando de llegar a la otra orilla, lo que empobreció la presentación de mi mosca. Como resultado, espanté a todo ser viviente con aletas a la redonda. Siendo bien franco, no distinguía bien por  la distancia,  si el leader (nylon) se estaba estirado bien, incluso se me perdía la mosca !!! . Insistí con un par de lanzamientos más, pero no daba resultado. Era frustrante la situación, tenía una caña nueva y no lograba sacar ni un pescado, el único resultado era espantarlos; decidí sentarme y relajarme con el infaltable “pucho”.

Después de un buen rato de entretención desenredando los nudos que le había hecho al leader, comenzó un Hatch (eclosión) masivo, parecía como si estuviera hirviendo el río. Las truchas estaban comiendo por todos lados, era un espectáculo,  jamás había visto algo similar y sin perder más tiempo, comencé a lanzar.  Esta vez reduje a la mitad mi distancia, pero tampoco me dio resultado. La mosca llegaba donde las truchas pero la presentación de la línea seguía siendo muy brusca en el agua.

¿Por qué no picaba ?

Estaba que rompía la caña de rabia, realmente no entendía que pasaba y para empeorar mi situación, comenzó a oscurecer. Ahora, el problema era que aparte de no ver mi mosca, la línea, también se me perdía siendo esta, la última ayuda como indicador de pique.

Delirando de rabia, podría jurar, que las truchas se burlaban de mí, jugando “volleyball” con mi mosca y yo, completamente ciego. Era desesperante lanzar para todos lados y no enganchar nada. Comencé a sentir que estaba perdiendo mi tiempo y que me había dedicado a “lavar la línea” toda la tarde.

Borrón y cuenta nueva

Respire hondo un par de veces para relajarme,  ya que estaba muy frustrado. Y recordando un SABIO concejo de mi sensei, que decía,  “EN TU MENTE TAN SOLO”. Reagrupe a mis tropas y enfocándome en mi resultado final “Moby Dick”, comencé a lanzar cortas distancias, no más de 10 metros, logrando así, un mejor contacto visual con mi mosca, inmediatamente logré resultados, pescando una pequeña pero preciosa arco iris; al fin y al cabo era lo mejor del día. Logré ensartar a dos truchitas más, una fario y una arcoíris. La noche ya estaba casi declarado y yo estaba satisfecho porque no había quedado zapatero !?.

Ya casi resignado por la poca luz que quedaba, comienzo a lanzar toda la línea para ordenarla en el carrete. Sigo la línea con la vista y a lo lejos escucho una trucha chapotear en al agua (según yo). Tiro de la línea, al fin y al cabo la esperanza es lo último que se pierde, y al instante siento la presión de la trucha en la caña. En un comienzo no le di mucha importancia... seguramente era otra truchita, me dije.

Tranquilamente, seguí recogiendo mi línea. De repente sentí un buen tirón, lo que me extraño mucho, pero cedió rápidamente, pensé que fue una rama o algo, ya que no hubo más resistencia después de eso. Con un par de metros para terminar enrollar la línea, sorpresivamente me percaté de una pez al final de mi línea, me pregunto quién era el más sorprendido en ese momento, si fui yo o la trucha! Obviamente el pez se asustó al verme y comenzó a correr, yo, impresionado por la intensidad con que mi carrete sonaba, comencé a sentir la adrenalina en mi cuerpo. Me sacó hasta el backing !!!. Cuando paró, yo estaba con la adrenalina a “MIL”, ya que mi imaginación del tamaño del pez, más el factor de la oscuridad, se multiplicaba por 20 mil ! . La pelea duró unos 10 minutos. Para mi sorpresa, era una trucha fario  de 16 pulgadas (45 a 50 cm)... pero con unos ojos tremendo de grande !!! Obviamente para mí, era “Moby Dick” de 3 metros !!!

Mientras caminaba, reflexioné sobre mi tarde de pesca;    Obviamente estaba bajo el “hechizó” de mi nueva adquisición, no sé si era la potencia de mi nueva caña que me tenía encantado, o las grandes distancia que lograba lanzar con ella, pero obviamente, me había olvidado de mi objetivo y la razón por la cual me encontraba en ese lugar que era pescar. La segunda reflexión fue: que frágil es la memoria humana, bastó una sola trucha en la oscuridad para que olvidara de todo mi delirio y enojo.

Amo este deporte, es como una montaña rusa de emociones y situaciones. Ahora lo único que queda por hacer es prepararse para la próxima aventura, que de seguro, me hará vibrar nuevamente.

 

Fotos y Texto - Andrés González

 

 

 

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